Si es verdad
el instante en que tocás
la nota divina
Ya venía , ya pasó,
no eras vos.
Tu genialidad asumida
o cacareada
no es más que estupidez,
no es el azar
no es dios alguno.
Puede ser esta noche,
ayer o mañana.
Otro pasó por allí.
Entre la próxima marquesina y la anterior
optó por la que anuncia
tu absurdo nombre.
Vos sin saberlo, aturdido como estás.
Él sin saberlo, no menos aturdido.
Sonó la nota divina.
Preciosa conjunción de los que fueron y serán con la noche, tus pulmones y su
callado espanto
La duración necesaria
De esa nota
El preciso silencio que la antecede
El exacto silencio que sobreviene
Esa nota significa nada sin los silencios que la entornan
Los silencios nada son sin la nota que alumbra y aniquila al Silencio
Vos sin saberlo, aturdido como estás.
Él sin saberlo, no menos aturdido.
Un pájaro canta en la noche
Un animal nocturno se desvela
Ambos y su aleatoria conjunción,
tu saxo y sus zapatos
desaparecen
para ser Uno
en la nota divina,
entre silencios
Afuera nadie lo supo.
Ni lo sabe.
Ni sabrá.
Un auto que estaciona y otro que se va.
La lluvia y el neón
como señales que piden ayuda.
O conmiseración.
La noche.
El rebusque.
La deriva.
Y tu representante contando dinero mientras mira sus cartas.
