Tuesday, November 04, 2025

HISTORIA DE LA PÉRDIDA DEL TIEMPO.


 

Esa Historia, qué otra que la del tiempo perdido.

La de lo que no pudiera perderse antes de la invención de la pérdida y del tiempo.

Y en plan de invención, solo historia cabe...

Hay un acervo abrumador e indescifrable de fotos viejas; hay  laberintos de anaqueles polvorientos atestados de papeles escritos, documentos, testimonios y reseñas; hay millones de datos atrapados en semiconductores, y los habrá a disposición en cualquier otra manera de registro  que pudiera inventarse; para interminables interpretaciones , hermenéuticas sin fin, precipitándose unas sobre otras, tropezándose calamitosamente y en el extremo abismándose hacia las más variadas maneras del delirio, vituperando o glorificando a los amos, condoliéndose de los esclavos o aceptándolos como algo inevitable, decretando héroes y traidores a los unos o a los otros según a quién convenga.

Como un persistente intento de reconstruir la escena de un crimen, tarea proverbialmente inútil. Pero ya sabemos que en estas cosas imperan las segundas intenciones…

El mismo fracaso ha aguardado a todos, inexorable. Pero unos detrás de los otros se han relevado en la ambición de ser el primero en alcanzar el prodigio.

La Historia Increíble está porque se necesita creerla, lo que alimenta monstruosas derivaciones.

Más allá de toda fascinación no acecha verdad alguna. Más allá de toda fascinación hay otra fascinación.  Más allá de cualquier desencanto aguarda la misma ingenuidad de siempre. Y aún más allá, no hay nada.

Hay sí una misteriosa necesidad de adueñarse de lo que no existe, aun cuando insistentes e insoslayables son las evidencias de que sólo tragedias aguardan a quien lo intente. La Historia es también el recuento de las tantas veces en las que la pedante desmesura pretendió no ser alcanzada por la tragedia, su sombra.

Misteriosa necesidad de adueñarse del próximo segundo, que no existe sino como como una insoportable incertidumbre. Para aliviarla se inventará el segundo anterior durante este segundo que comparte su naturaleza con los otros dos.

La invención de la Historia es una tautología que habla de los tres segundos que nos encierran en su alucinada imposibilidad.

Las cosas aun así suceden.

La del tiempo perdido no es la Historia de la Pérdida del Tiempo.

Amos o esclavos, biunívocos amantes mutuamente despreciados y fatalmente unidos por el estupor de no saber quién los puso en ese lugar.

Héroes o traidores fascinados entre sí hasta la extenuación.

Millones de seres no han visto ni amos ni esclavos, ni héroes ni traidores más que en el fermento de sus imaginarios. Cada posición es indefinida, ambigua, desdibujada.  Esos fantasmas intercambian roles como si danzaran en torno a la incerteza, para desintegrarse finalmente en el aire al tocarse los unos con los otros.

Miles de millones de seres  han perdido el tiempo intentando ser o no queriendo serlo, intentando parecerse a un héroe sin saber qué es un héroe, traicionando con sus mejores intenciones,  siendo el amo o el esclavo alternativamente muchas veces en un solo día.

Todos ellos al mismo tiempo que se pierde a sí mismo en tu espejo, el de tu amo, el de tu esclavo, allí donde debería haber un héroe y ni siquiera hay un traidor.

El suelo se mueve bajo los pies, las geografías enloquecen, se difuminan: y nadie puede asegurar no estar en realidad extraviado en indescifrables andurriales buscando el destino de sus pasos.

El infierno no es otra cosa que creer que hay algún paraíso por recuperar, perdiendo un tiempo precioso del tiempo de no llegar a ningún lado.