Saturday, September 26, 2026

CIUDAD ALUSIVA


En esta ciudad, una ciudad como cualquiera.

 

Jaime se halló harto.

De la hipocresía de los otros cuando simultáneamente se hartó de la propia. 

Se desnudó y salió a caminar por el barrio.

Se dio cuenta de que esa operación lo dotará de una mirada de rayos x que atravesará la piel de la gente para ver qué es lo que realmente están pensando de él.

Será entonces inmune a la falsedad subcutánea de las pieles sonrientes.

Verá  detrás del velo de cada semblante perdonavidas.

Olfateará los vapores sulfurosos y miasmas descompuestos que emanan a través de las ventanas de cada casa de buena familia.

Y  vomitará una carcajada contra el espejo cada mañana.

 

Maruja decidió que para que las cosas cambien, hay que cargarse a cierra gente. Por lo tanto anda por las calles munida de eficaces métodos de exterminio ocultos entre sus ropas.  Aún no ha pasado al acto con nadie. Porque no ha podido responderse a sí misma cómo tendrían que cambiar las cosas, ni sabe para qué. O si es que tendrían que cambiar…

Puede ser que en alguna esquina o cruzando alguna calle encuentre la revelación.

O quizás algún día termine cargándose a los que parlotean sus planes de redención, sin privarse de escupir cuando hablan. Sujetos por los que, previsiblemente, experimenta un profundo fastidio y más profundo desprecio.

Mientras tanto, anda. Cualquiera podría cruzarse con ella por ahí, en cualquier momento.  O en el momento adecuado.

 

Ana notó al llegar a una esquina, alguna esquina; que uno de sus brazos comenzaba a desprenderse de su cuerpo y quedaba desmentir a quien se atreviera a sostener lo contrario, que la ley de la gravedad no se cumple en todos los casos. Ana alcanzó a atrapar su brazo antes de que se alejara como si fuese aquel globo rojo que deambulaba en aquella otra ciudad, tan real como esta.

En el momento en que, luego de un salto alcanzó a atrapar su brazo antes de que definitivamente cobrara altura, y volvía a ponerlo en su lugar, una de sus orejas se soltó y emprendió suavemente la retirada. La mano del brazo recién recuperado la atrapó a tiempo. Pero en ese mismo momento, una de sus piernas pretendía la misma aventura que la oreja, acompañada por tres dedos de la mano contraria.  El brazo de esa mano decidió que no resignaría tampoco su anhelo por la estratósfera.  El otro brazo, recuperado una vez, reincidió.  Finalmente, Ana se dejó desarmar y decidió que no era tan grave. Sus extremidades, su cabeza, las piernas y el tronco se dispersaron en direcciones divergentes hacia algún lugar de la atmósfera, mientras la conciencia de Ana se iba transformando en alguna otra cosa.

 

Cualquier héroe puede llegar a ser inventado por villanos y traidores y el amor puede convertirse en la joya de la corona de los cobardes en esta ciudad donde casi nadie ha visto a Jaime, a Maruja o Ana; donde cualquiera puede ser o haber sido alguno de ellos; o villano, traidor, cobarde; o imaginario héroe amoroso.

O todo eso junto en el término de un día o siglos.

En esta ciudad, una ciudad como cualquiera. 



 

 

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