Wednesday, August 26, 2026

LA CIUDAD PERFECTA


 

Un barco a la deriva lo sabe casi todo acerca de la intemperie y la desolación. Pero lo visita una callada alegría.

Un barco que ha llegado a destino comenzará muy pronto a ser mecido por la melancolía.

Una ciudad puede parecerse a ambos.

O está detenida sin remedio o se mueve aun cuando no esté yendo a ningún sitio.

Los barcos son devorados lentamente por el mar.

La ciudad va comiéndose a sí misma.

Devora las calles, edificios, monumentos que le dan cuerpo mientras el tiempo se come al tiempo.

Sitios devorados donde pasan cosas. Ese otro naufragio o esa otra inmovilidad.

Deambular de cuerpos y cosas entre paredes quietas.

Paredes mutantes alrededor de cuerpos inmóviles.

 

Siglos de ciudades y ciudades en el tiempo no han sido ni serán lo que se cree.

La imaginación tiene la ultima palabra porque tuvo la primera. Las ciudades y el tiempo bailan inevitablemente cuando ella canta.

Quedará una sombra refractaria a las palabras precisas. Demasiadas palabras para llenar el vacío de la Palabra Imposible Una fenomenal convocatoria de fantasmas.

¿Cómo germina el silencio de la ciudad, inefable en los ruidosos fantasmas de las demasiadas cosas?

¿Y los cuerpos, qué?

La vida de los cuerpos que respiran en las ciudades que se van devorando a sí mismas se van impregnando con el tiempo de un silencio que un día les impedirá decir lo que hayan comprendido.

Llenándose de ese silencio como de agua salada se llenan los pulmones de quien acaba de arrojarse al mar.

En la ciudad quizás se oculte un signo monstruoso. Nadie lo sabe. Ella lo sabe.

Un signo monstruoso significa todas las cosas.

Ninguna ciudad puede soportarlo.

Quizás por eso se coma a sí misma: para que ese signo desaparezca.

Tal vez sea la Ciudad Perfecta.

Pero cómo podría reconocerla alguien que no sea, también, perfecto.